Un país de pandereta

Cambio de Rey, Autonomías caducas, independentismos, corrupción, programas que no se cumplen y la irrupción de Podemos.

Soy español y me siento orgullos de serlo. Sí, aunque parezca raro me siento orgulloso de serlo a pesar de todos los que, día a día nos avergüenzan públicamente día a día con casos de corrupción y con otras muchas cosas que, quizás con menos bombo en los medios, son tan importantes como la corrupción.
Pero a pesar de ser lo fácil, no voy a empezar por la corrupción sino por la primera institución del país: La monarquía. Yo soy un tipo práctico, no tengo muy claro si monárquico o republicano… y menos ahora. Frente al anacronismo que supone que en pleno siglo XXI se pueda heredar nada menos que un país y que me empapa con tintes republicanos se levanta el sentimiento práctico y antagónico al anterior de la importancia que tiene dar continuidad a algo en un país como el nuestro, que se cuestiona permanentemente todo. 
Estimado Rey Felipe. Frene a los desmanes que su padre y sus hermanas hicieron en un pasado muy cercano (a pesar del servicio que Don Juan Carlos prestó anteriormente a España y por el que todos le hemos dado un voto de confianza y le estaremos agradecidos a perpetuidad), tiene usted la nada fácil tarea de convertir en monárquico a este país siempre dividido.
De su gestión al frente de la casa real depende que los últimos escándalos que salpicaron a su familia queden en anécdota histórica o sigan enervando al pueblo español. Todos le estamos dando un voto de confianza y casi todos los que tenemos memoria histórica tenemos la esperanza de que su reinado sirva para afianzar la monarquía en España. Pero hay una parte del pueblo que está esperando el más mínimo escándalo para hacer saltar por los aires la institución monárquica e instaurar en España la tercera república española.
No es que la tercera república en sí sea una desgracia monumental para España pero si algo tengo claro es que en tiempos agitados los partos rápidos no suelen terminar bien. España está en riesgo de desmembración y en realidad de falta de confianza ante todas las instituciones, especialmente por la corrupción y las desigualdades sociales. Estamos todos hartos de esta situación y los extremismos no suelen llevar a nada coherente, y menos en tiempos de crisis.
Tras la reflexión inicial sobre la monarquía, no me queda más remedio que abordar el tema de un sistema autonómico caduco y agotado en sí mismo. Lo que el movimiento independentista catalán está poniendo de manifiesto en primer lugar, y no tanto para ellos como para el resto de España, es un sistema autonómico injusto y desigual, con competencias duplicadas y desmanes de todo tipo no controladas por el gobierno central. La descentralización de la sanidad y de la educación son dos errores monumentales que se ponen de manifiesto claramente con problemas como la coordinación de alarmas sanitarias como la del bola o con los planes de estudio diferentes en ciertas comunidades en contra del intento de unificar programas con el resto de Europa.
Puede que el estado federal sea la solución adelgazando a la vez el número de comunidades y ayuntamientos y haciendo que desaparezcan las diputaciones. Esto es un desmán basado en negociaciones individuales de cada autonomía con el gobierno central y uno echa en falta algo tan simple y básico como una ley que regule las competencias de las comunidades y las actuaciones a realizar ante los incumplimientos y no que sirva únicamente para limitar su deuda económica.
Esto enlaza con otro tema que ya he tratado con anterioridad en otros artículos, la inutilidad del Senado en su forma actual. O le damos las competencias de cámara territorial previstas en la constitución o no necesitamos un Congreso B que es solo fuente de gastos adicionales e innecesarios. Pero en este tema no voy a volver a abundar en este artículo.
El independentismo catalán es fruto de los desmanes de un gobierno separatista que lava el cerebro permanentemente a sus ciudadanos gracias al control de los medios de comunicación, de los colegios e institutos y del principal banco catalán, y esto durante años. El resultado, una serie de mentiras que, por repetidas, parte del pueblo catalán da por ciertas. España nos roba, La historia nos respalda, Nos independizaremos y seremos grandes en Europa, La culpa de nuestra crisis es del gobierno central, Tenemos derecho a decidir nuestra independencia sin contar con el resto de España, etcétera.
Y todo esto sin oír las realidades que son obvias para el resto del mundo. La deuda catalana actual llevaría a la bancarrota total a una Cataluña independiente, Cataluña no entraría en la Comunidad Europea ni en el euro durante mucho tiempo, El movimiento separatista va en sentido contrario de la globalización que está teniendo lugar en el mundo, la mayoría de las empresas con sede en Cataluña huirían ante este disparate, su mercado natural, España y Europa, estaría gravado por aranceles, la soberanía sobre la escisión de una parte del territorio reside en el pueblo español, no en el catalán, y la viabilidad económica del proyecto es poco menos que imposible y condenaría a los catalanes a un nivel de pobreza similar al de la posguerra.
Enlazando temas (en este país es imposible no enlazarlos), nos encontramos siempre de frente con el tema de la corrupción. En Cataluña (resulta que quien les robaba no era España sino el ínclito Puyol), en el resto de las comunidades autónomas, en los bancos rescatados con dinero de todos, en los partidos políticos, en los ayuntamientos, en la propia casa real y en cualquier sitio al que miremos. Tenemos un problema serio en este país: Aquí robar es gratis. Si te pillan, devuelves la parte que han podido probar que robaste y no pisas la cárcel en la mayoría de los casos.
Por no ponerle ningún color partidista a este tema, pondré como ejemplo el tema Pantoja y que cada uno saque sus conclusiones y compare con el caso que más le guste. Una persona roba millones y millones de euros a los ciudadanos de un pueblo. El dinero no es del ayuntamiento como una entidad abstracta sino de todos los contribuyentes de Marbella. Que nadie se líe. Se pega la vida padre con ese dinero. Es juzgada y le piden que devuelva poco más de un millón de euros junto con una condena de 24 meses de cárcel. La condena, por carecer de antecedentes, es la justa para que esta persona no ingrese en prisión. Como no puede reconocer que tiene en efectivo esa cantidad, sale en todos los medios diciendo que no tiene dinero y sus fans abren cuentas para que la gente “done” a la delincuente la cantidad necesaria para que la ladrona no vaya a la cárcel. Mientras tanto, esta delincuente no pone a la venta ni una sola de las propiedades que con el dinero robado compró o mantuvo… 
¿Nos hemos vuelto todos locos? 
¿Cabe mayor número de disparates en un solo caso?
Desde aquí pido humildemente que se de ejemplo. Pido que esta señora vaya a prisión además de devolver el dinero que se le pide y si no, que le embarguen sus propiedades. Pido que Hacienda exija que se le de los datos de las personas que donen para esta causa y que a todas ellas les aplique el impuesto de donaciones inter vivos. Y pido a la gente que tenga un mínimo de cordura y de autojuicio y que comprenda el perjuicio que casos como este causan a la fe de la ciudadanía en su justicia.
Y pos supuesto, pido que este mismo criterio de justicia se aplique a Puyol, a Urdangarín, a la ex-infanta Cristina, a los implicados en el caso Blesa, a los de la Junta de Andalucía y a todos los demás juzgados por corrupción porque mientras estos supuestos delincuentes andan libres a otros, por pagar unos pañales y comida para sus hijos con una tarjeta de crédito encontrada en la calle, les encarcelan.
Nadie creerá en la justicia ni en la igualdad ante la ley de los españoles mientras casos como estos no sirvan de ejemplo de que se quieren cambiar las cosas.
Otro mal de este país es el incumplimiento de los programas electorales sin que eso tenga efecto alguno. El PP nos prometía en su programa electoral medidas de austeridad con bajada de impuestos y algunas otras medidas que no sólo han quedado en agua de borrajas sino que se han visto invertidas por medidas absolutamente contrarias a las anunciadas, como la subida de impuestos.
Este no es un mal exclusivo del PP, ni siquiera de este gobierno. Baste recordar algunas medidas prometidas y no cumplidas por el PSOE como la creación de puestos de trabajo, el “Jamás ingresaremos en la OTAN” y otras tantas. Simplemente sucede que la gente vota a partidos políticos o simplemente a personas con independencia de sus programas electorales. Simplemente por fanatismo político o amor a los colores, como si de fútbol se tratase.
Entre los desmanes cometidos por el PP en esta legislatura, quiero hacer incidencia en el error garrafal que estaremos pagando los españoles durante décadas. El rescate a los bancos en quiebra. Cualquier persona que me lea y sea autónomo o empresario, o tenga un familiar o amigo que lo sea me entenderá. Si una empresa en este país quiebra, intenten buscar alguna ayuda que le pueda proporcionar el gobierno para evitar la pérdida de puestos de trabajo. Ninguna. 
¿Por qué con un banco es distinto? ¿Por qué no se deja quebrar un banco en lugar de reflotarlo con unas cantidades que no podemos pagar? ¿Por qué no se salva a las familias que no pueden pagar las hipotecas en lugar de salvar a las cajas de ahorros? Las respuestas son bien sencillas. Los que han arruinado a las cajas son los compañeros políticos de viaje de los que les han dado el dinero y eso, para mí, es el caso de corrupción mayor de este país en la última década, debido a los importes de los que hablamos.
Con menos de la mitad del dinero empleado en rescatar a los bancos España podría sufragar sobradamente y subir las pensiones, las prestaciones sociales, la sanidad pública al completo y otros beneficios para los españoles durante varios años y reduciendo la deuda. No voy a añadir más porque lo que sigue a continuación es completamente obvio y lo dejo a la reflexión del lector. Simplemente finalizo este tema con mi reflexión. Prefiero un país sin CajaMadrid, CajaMar, Bancaja y demás a un país con la población en un estado lamentable y con más desigualdades sociales que nunca.
Y en medio de este maremagnum de ineptitudes, corrupciones, desmanes, injusticias y despropósitos aparece una formación de dudoso origen y de incierto rumbo como Podemos. El éxito del populismo televisivo de su dirigente es difícil de comprender sin contemplar el entorno de unos ciudadanos hundidos por la crisis e indignados por todo lo que ven a su alrededor (y lo que no vemos). La irrupción de estas formaciones extremistas es frecuente en momentos de crisis, pero el auge de esta formación con tintes bolivarianos no lo es tanto sin contar con el apoyo televisivo de ciertas cadenas que está contando. Claro, que si lo comparamos con el tema Pantoja, ya resulta hasta normal. 
A todos nos pide el cuerpo dar un castigo a la clase política que nos dirige y pegar un cambio de rumbo político, de forma de gobernar e incluso de sistema. Pero el modelo venezolano que esta formación idolatra no me parece el más adecuado, y al que se lo parezca que se informe sobre la situación de Venezuela, uno de los países con mayor riqueza natural del mundo.
Las preguntas del millón y las que se originan con esta incierta situación son las que me llevo formulando mucho tiempo:
¿Es oportuno en este momento dar el voto de castigo a PP, PSOE e IU?
Si lo fuera, ¿es Podemos realmente una alternativa o el caos total?
¿Qué sería de este país si gobernara este partido sin un programa claro y sin más argumentos que el populismo de decir lo que la gente quiere oír aunque sea inviable?
¿Surgirán o renacerán en España otros partidos radicales de signo distinto como neonazis, falangistas, franquistas, trotskistas, leninistas y demás? ¿Alguno alcanzará el éxito de Podemos?

Lo que parece claro es que en Europa, la crisis está llevando a una radicalización de posturas que da bastante miedo. Al movimiento Podemos español se unen y contraponen los partidos de extrema derecha que están constantemente consiguiendo más adeptos en Francia, Suiza y otros países y las medidas en contra de los trabajadores extranjeros que se están tomando en muchos países. Esta radicalización no augura nada positivo, si bien es cierto que aún no ha llegado al poder. De eso que nos libramos de momento.
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Economista, informático, aficionado a la lectura, escritura, fútbol, del At. Madrid, 'blogero' vocacional, amante de la naturaleza y de los animales, motero y emprendedor. Cosecha del 62.

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