Todos a la calle

Es verano, hace bueno y gobierna el PP… Todos a la calle.

Esa parece ser la consigna de unas masas que, como hordas de bárbaros, toman Madrid a diario. La consigna parece ser lo de menos. Vienen de muchas provincias de España a protestar contra los recortes de sanidad o de educación (competencias cedidas hace años a las comunidades autónomas), llegan para protestar contra el cierre de industrias mineras o navales que llevan dando pérdidas las últimas décadas, vienen porque por trabajar en el sector público sin oposición se creen con los mismos derechos de trabajo intocable que aquellos que sí aprobaron en su día las oposiciones en las que ellos fracasaron. Y vienen todos creyéndose cargados de razón. Sobre todo, vienen alentados por unos sindicatos que ni son independientes ni defienden los derechos de los trabajadores y por un partido que, tras dos legislaturas en el poder, fue incapaz de solucionar uno solo de los problemas que ahora magnifica. Esta es la realidad del país.

Rajoy no es santo de mi devoción, nunca lo fue, pero debo reconocer que cada vez me cae mejor, aunque sea por lástima, que quizás es el motivo principal. Tras dos legislaturas del peor presidente de la democracia española secundado por el que ahora se erige en azote del gobierno popular, tras dos legislaturas en las que se ha dilapidado el dinero a espuertas, tras dos legislaturas en las que la política económica se basaba en recortes estilo ‘Eduardo Manostijeras borracho’ sin un patrón definido, tras dos legislaturas de política del avestruz intentando por todos los medios esconder la deuda pensando que por no verla dejaría de existir, tras dos legislaturas nefastas llega un gobierno que marca una política económica con un patrón y unas directrices claras y lo primero que hace el resto del panorama político es echar a la calle a la misma gente a laque consiguió callar durante ocho años.

La política económica de este gobierno es acertada en el grueso, errada en algunas de sus medidas, pero es al menos coherente. Nadie garantiza el éxito de una política económica determinada en una situación global nunca antes vivida pero, lo que es innegable es que esta política económica es mejor que ninguna, que es lo que teníamos hasta el momento.

El primer gran acierto de este gobierno ha sido aflorar la deuda real, esa que tanto ha escocido a los políticos provincianos de algunas comunidades y que es el principal motivo de sus fiebres independentistas actuales. El conocimiento del problema real es el primer paso para la solución. A continuación, una acertada política de recortes que busca gastar menos en el sector público es la medida correcta, aunque quizás no lo sea la forma de ejecutarla. No pasa nada por promover recortes en educación y no renovar a los profesores contratados que finalizan contrato. Es un mal menor comparado con los constantes EREs que presentan las empresas privadas. Yo estudié en clases de más de 40 alumnos y mi educación no era peor que la actual. La concentración de alumnos en clases más masificadas no es un problema en sí. Llevado al extremo, el recorte en educación sin duda dará lugar a alguna injusticia pero en su conjunto es acertado. Lo que no es acertado es fijarse sólo en los colegios, en los materiales y en los profesores. En España tenemos un ministerio de Educación y una consejería de educación por cada comunidad autónoma. Eso significa miles de funcionarios y políticos improductivos con competencias duplicadas. Ahí también hay que aplicar los recortes.

Ese mismo problema, el de las competencias duplicadas, se reproduce en muchos otros sectores. Y no nos lo podemos permitir. En un país en crisis es matemáticamente insostenible tener el porcentaje más alto de políticos, gobernantes y funcionarios de la Unión Europea. No hablo de policías, bomberos, maestros, médicos, enfermeros, basureros, ambulancias, etcétera. Por supuesto que no hablo de los funcionarios que son necesarios para el correcto funcionamiento del país y de los servicios públicos. Hablo de miles de oficinistas de diputación, comunidad autónoma, ministerio, … Hablo de cientos de senadores, de miles de políticos locales, provinciales o nacionales que no aportan nada al tejido productivo del país y que tenemos que mantener entre todos con nuestros impuestos.

Acepto los recortes que me afectan en los servicios recibidos y en mi propio sueldo vía congelación y vía subida de impuestos, pero a su vez exijo que con esos impuestos no se mantenga a tanto vago inútil y que se empleen en lo realmente necesario. Estoy harto de pagar el canon digital al comprar cualquier material electrónico para financiar a gente incapaz de vender su producto debido a los márgenes millonarios del sector. Estoy harto de ver cómo miles de empleados públicos, de esos que usted y yo financiamos, ganan sueldos millonarios por hacer no se sabe bien qué. Estoy harto de que en este país exista una economía sumergida que no paga un solo euro de impuestos y que aumenta cada vez más su porcentaje. Estoy harto de que no se luche contra el fraude fiscal y de que se consienta y se aplauda que, mientras unos vemos menguados nuestros sueldos en favor de las arcas del estado, otros sigan eludiendo impunemente sus obligaciones fiscales. Estoy harto de ver que mientras los ciudadanos de a pie tenemos que trabajar más de cuarenta años para conseguir una pensión exigua que no les tiembla el pulso al congelar, algunos ex cargos públicos tengan pensiones millonarias y vitalicias por trabajar en el Congreso durante ocho años. ¿Por qué ellos, a los que yo pago, son más que yo?

Con mis impuestos se financia además a los sindicatos y a los partidos políticos. A esos mismos partidos políticos que no buscan el bien de los ciudadanos aportando soluciones sino que solo se mueven por intereses propios intentando machacar a los contrarios y gastando las subvenciones que les pagamos en dar más problemas en lugar de intentar aportar soluciones.

No he habado de la subida del IVA. Creo que es un error. Pienso que subir aún más los impuestos indirectos solo conseguirá frenar el consumo y no aportará ni un euro de más a las arcas públicas. Creo que sería mucho más productivo conseguir que los que no pagan impuestos empiecen a hacerlo y emplear a los miles de funcionarios que sobran a perseguir a los defraudadores, a realizar inspecciones de trabajo para acabar con la economía sumergida, a realizar inspecciones rigurosas a los autónomos para que declaren todos los ingresos, facturen siempre con IVA y declaren todo lo que facturan. Creo que sería además mucho más justo repartir esa insoportable carga fiscal entre todos y no hacer pagar aún más a los de siempre.

Para salir de esta crisis hacen falta sin duda las dos cosas: Recaudar mejor evitando el fraude y gastar menos eliminando los costes que no aportan nada al país. Además hacen falta soluciones innovadoras y rompedoras para acabar con este faraónico aparato del Estado, recortar administraciones, reducir políticos y funcionarios, eliminar cámaras sin contenido. Entiendo el miedo del PP a hacerlo debido a las presiones sociales pero deberían planteárselo al menos. Al fin y a la postre, el país ya está en la calle. No creo que vaya a haber muchas más protestas porque es imposible ya. En cualquier caso, les seguirán culpando de las movidas con los bancos, de los errores ajenos del pasado, del paro heredado, de la deuda millonaria de las comunidades autónomas y de la muerte de Manolete. Todo eso es culpa de Rajoy, que en menos de un año ha arruinado un país de cuento que les dejó el maravilloso gobierno anterior dirigido por un hombre honesto, bien preparado y perfectamente asesorado por su mano derecha, Rubalcaba, que hoy nos lo recuerda constantemente. Quién no lo recuerde así que se lo haga mirar porque anda mal de memoria.

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Economista, informático, aficionado a la lectura, escritura, fútbol, del At. Madrid, 'blogero' vocacional, amante de la naturaleza y de los animales, motero y emprendedor. Cosecha del 62.

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