Fervores independentistas

A un profano en estas lides le resulta difícil de entender lo que está sucediendo en Cataluña. De repente unos observa boquiabierto que se ha desatado un fervor independentista en las calles catalanas sin comprender muy bien si este deseo es mayoritario o es un movimiento minoritario alentado desde los partidos nacionalistas con algún fin político concreto.

Empecemos por admitir que en peno Siglo XXI un pueblo no puede estar subyugado por la pertenencia a un determinado país si mayoritariamente no lo desea. Por tanto, reconozco abiertamente el derecho a la independencia de un pueblo que así lo desee y sería partidario de un referéndum de independencia de Cataluña si previamente se solucionaran los problemas que esta independencia sin duda plantearía, ya que esta situación no está prevista en la Constitución española ni en ninguno de los tratados de la Unión Europea. Supongo, por tanto, que Cataluña pasaría a ser un Estado independiente y que no estaría en la Unión Europea hasta que no se ganara su pertenencia con los criterios que se aplican a cualquier país para pasar a formar parte de la misma.

Así las cosas, primero me quiero centrar en los motivos que llevan a este repentino fervor popular. A nadie se le escapa que Cataluña ha sido una de las regiones españolas más favorecidas por el invento de los ‘nacionalismos históricos’ y que siempre ha gozado de privilegios en materia de competencias en comparación con otras regiones. A nadie se puede escapar tampoco que el hecho de tener representación en el parlamento español ha permitido en ocasiones a los partidos nacionalistas catalanes obtener para Cataluña privilegios y subvenciones adicionales. El hecho de tener un sistema electoral como el español y de poder ser partido bisagra con pocos votos tiene sus privilegios para quienes los saben exprimir. Así, durante años, Cataluña ha gozado de concesiones y de subvenciones económicas que a otras regiones se les han negado. No lo calificaré de chantaje, puesto que ese término tiene unas connotaciones delictivas que no vienen al caso, pero sí de ventajismo político.

Ocurre que en un país en crisis que no se puede permitir ya subvencionar affaires políticos a cambio de nada y gobernado por un partido político con mayoría absoluta que no necesita para gobernar a los nacionalistas catalanes, ese ventajismo político adquiere una posición de mayor debilidad que en otros tiempos. Eso tampoco se le puede escapar a nadie.

Ocurre también que en estos tiempos de crisis, Cataluña está en bancarrota. Es una realidad. Cataluña no puede pagar por sí misma la deuda que tiene emitida y sus políticos, esos mismos que la han llevado a la quiebra, piden al gobierno central que les pague su deuda, eso sí, sin conceder nada a cambio y proclamando a los cuatro vientos que no admitirán injerencias en su política a cambio de ese dinero. Curioso. Que le expliquen bien a Rajoy los argumentos para que él pueda repetirlos en los foros europeos. Cuando se acude al rescate de un país se le interviene para conocer cómo se administra el dinero que se le presta. Si no, no hay rescate. Cualquier niño lo entiende. Quid pro quo.

Otra realidad es que estas dos situaciones descritas, la imposibilidad de obtener ventajismos políticos y la necesidad de rescate, coinciden curiosamente en el tiempo con el exaltamiento del sentimiento catalanista. No digo que lo uno sea causa de lo otro. No tengo argumentos ni motivos para defenderlo y por lo tanto no lo afirmo, pero coinciden en el tiempo. Casualidad o causalidad, lo dejo al criterio del lector.

Lo más curioso es que son los mismos políticos y los mismos partidos que han llevado a la bancarrota a una Comunidad Autónoma los que reclaman el derecho a dirigirla de forma independiente al Estado al que hoy pertenecen. No les niego el derecho, faltaría más, pero no creo que los votantes catalanes sean tan estúpidos de conceder el timón de su futuro a los mismos que les han llevado a la quiebra y que, ante la imposibilidad de salir de ella, recurren para salvarse al mismo papá Estado del que a la vez reniegan. Entender esto ya reconozco que me cuesta mucho más. Yo, que soy persona de ciencias y a la que no le sacas del dos y dos son cuatro, me niego a admitir semejante incongruencia pero, en fin, dejaré un atisbo de duda a la racionalidad de esta situación basándome en el hecho de que no estoy dentro del problema catalán y por tanto no lo entiendo.

Otro punto para la reflexión que les dejo a los catalanes es que el hecho de ser independientes, además de las ventajas que proclaman, tiene unos inconvenientes obvios. Salirse de la Unión Europea, del Euro y afrontar este viaje con la deuda actual son cosas a tener en cuenta y que deberían inducir a una reflexión previa a salir a la calle con la señera, a la que por cierto se ha adornado últimamente con una estrellita blanca sobre fondo triangular azul de la que desconozco el significado. Vamos, que si quieren ser independientes, que lo sean, faltaría más. No seré yo quien lo juzgue. Pero me quedan dudas razonables de que ese movimiento sea mayoritario. Dudas que solo se pueden despejar con un referéndum.

Ahora bien, que si el camino que quieren seguir es el de pertenecer a España con más ventajas aún sobre otras comunidades de las que gozan actualmente, entonces sí tengo que opinar porque entonces sí que me afecta. El estado autonómico español está mal montado y es una debacle. Y es así por un simple motivo, actualmente no todas las comunidades tienen los mismos derechos y obligaciones y eso es profundamente injusto y hay que acabar con ello. Si algo es bueno para una comunidad, es bueno para todas. Por el mismo motivo, si algo es malo para una comunidad es malo para todas. Todas las comunidades deben tener, en un estado coherente, las mismas funciones, las mismas competencias, los mismos derechos y las mismas obligaciones. De lo contrario, seguiremos teniendo en España ciudadanos de primera, de segunda o de tercera dependiendo de la comunidad en la que vivan. Eso, señores, no se puede permitir por más tiempo.

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Economista, informático, aficionado a la lectura, escritura, fútbol, del At. Madrid, 'blogero' vocacional, amante de la naturaleza y de los animales, motero y emprendedor. Cosecha del 62.

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