El absurdo del estado autonómico

No sé si alguien lo habrá notado, pero llevo mucho tiempo sin escribir ningún post en mi blog de opinión. Y no es casual. Durante muchos meses me he estado planteando si no me estaría volviendo demasiado radical en mis opiniones porque, la verdad, cada noticia que oía sobre la crisis, sobre la situación del país, cada declaración que oía de alguno de los políticos al uso, mi indignación iba creciendo. En estas condiciones no es lo más conveniente poner nada por escrito al menos hasta poner en orden en cabeza propia los pensamientos que afloran como lava volcánica. Lo cierto es que no me he serenado demasiado a pesar del periodo de reflexión pero al menos he llegado al convencimiento de que no soy yo el raro.

Para retomar el hábito de opinar por escrito sobre la actualidad, creo que el mejor tema que puedo elegir es la situación de las autonomías en España. Directo y a la cabeza. Para qué voy a andarme con preámbulos menos trascendentales si puedo, y creo que debo, levantar polémica desde el primer post.

Empiezo con una afirmación tajante y discutible: La mayor parte de la culpa de la profundidad de la crisis en España es del estado autonómico. La crisis no aparece porque existan las autonomías, faltaría más, pero el hecho de tener el estado configurado ‘a la española’ hace que nuestra crisis alcance unas dimensiones mucho mayores que la de nuestros vecinos.

A nadie se le escapa a estas alturas que el estado autonómico español es el resultado no de un proceso lógico y de una configuración sensata, sino de unas concesiones hechas durante la transición para tener contentos a todos. Vamos, una especie de ‘las gallinas que entran por las que salen’.

A nadie se le escapa tampoco que el estado autonómico es profundamente desigual e injusto. Me parece elemental que, en pleno siglo XXI, si existen autonomías, todas tengan los mismos derechos, las mismas obligaciones y las mismas competencias. No entiendo por qué Cataluña, el País Vasco o Navarra tienen que tener cedidas más competencias que Murcia o Extremadura.

La configuración del estado español presenta un problema. Muchos gobernantes con competencias desiguales y en ocasiones duplicadas, con ansias de independentismo o al menos de diferenciación, con elecciones que ganar en los ayuntamientos y autonomías, con estatutos diferentes y con intereses contrapuestos suponen un galimatías que lleva a, con el fin de ganar unas elecciones, prometer aeropuertos donde no se necesitan, líneas de alta velocidad donde no tienen clientela para ocuparlas, abrir embajadas autonómicas, pedir más competencias, chantajear al gobierno central a cambio de apoyos, radicalizar la opinión pública en aras de un independentismo mal entendido, mantener emisoras de radio y televisión locales, autonómicas y comarcales sin audiencia pero con un nivel de gasto insostenible, y así sucesivamente.

Este galimatías sumado a la emisión de deuda autonómica ha provocado la profunda crisis en la que nos encontramos. No quiero echar más leña al fuego culpando también a las autonomías de los créditos dados por las cajas de ahorros por motivos meramente políticos para los proyectos faraónicos realizados, muchos de ellos de rentabilidad inviable y, por tanto, de dudoso recobro desde el momento mismo de su concesión.

Cuando las cosas se han puesto mal, la reacción de las comunidades autónomas no ha sido otra que la de mirar al gobierno central asombrados de lo que está pasando. Cataluña y el País Vasco especialmente, parecen culpar al gobierno central de los recortes en sanidad y enseñanza, y lo hacen apoyados por el PSOE. La sanidad y la educación son dos de los pilares básicos para el mantenimiento del estado del bienestar y comparto que deberían ser de los últimos en sufrir los recortes. Pero el gobierno central poco tiene que ver en ello. La competencia de ambos temas está cedida a las comunidades desde hace bastante tiempo y, mientras en Madrid (por cierto, comunidad que más nuevos hospitales tiene y que más ha potenciado la sanidad en la última década) se le montan manifestaciones al gobierno popular de la comunidad, en Cataluña se mira al gobierno central cuando ellos hacen los recortes. ¿Nos hemos vuelto locos? Cataluña pide fondos para solventar el problema que ellos han creado pero además intenta imponer condiciones diciendo que les den la pasta pero que no les digan cómo lo tienen que hacer. Amigos, lo que están pidiendo es una intervención sin que les intervengan. Osea, que papá Estado les de dinero a cambio de nada. Ese mismo estado que ustedes tanto critican y del que se quieren separar.

La culpa de que Cataluña no tenga dinero para pagar su deuda, ni para pagar los salarios a los maestros, de que realice recortes en los hospitales, las residencias y las asignaciones a las personas mayores, todo ello mientras mantiene sus embajadas en el extranjero, sus coches oficiales, sus subvenciones a los proyectos pseudoculturales catalanistas de escisión y separatismo, la culpa de todo ello mis queridos amigos, es de sus gobernantes. No es de que no se haya firmado un pacto fiscal que les de un trato aun de más favor a los catalanes. No es de que Cataluña aporte más de lo que recibe, que es falso y además tremendamente injusto con otras comunidades como la de Madrid, que sí está en ese caso. No es de que el gobierno central les ponga condiciones para darles el dinero que necesitan. Faltaría más.

Si Cataluña necesita una inyección de dinero porque está completamente en bancarrota, Cataluña debe ser INTERVENIDA. El sentido común, que durante tanto tiempo ha brillado por su ausencia en las decisiones de los gobiernos catalanes, debe volver a imperar. No se puede tolerar que, bajo diatribas independentistas y acusaciones infundadas se camufle una vez más la mala gestión, los disparates hechos en aras del nacionalismo y demás pamplinas. Basta ya de este país de ciudadanos de primera y de segunda. Las comunidades que han hecho los deberes, que no han despilfarrado el dinero cuando lo había, no tienen por qué pagar la deuda que ustedes han contraído por su mala cabeza. Si el dinero llega, tendrá que ser con condiciones y con la intervención de personas sensatas que velen por la correcta inversión de esos fondos que ustedes demandan.

Me he extendido con Cataluña más de lo que pretendía, pero es que la situación ha llegado a un punto en el que no podía menos que comentar detalladamente mi opinión.

Otro ejemplo del sinsentido al que llevan a veces las cesiones de competencias a las comunidades sin la regulación adecuada es el de los incendios forestales. Mientras que Galicia se ha dotado con hidroaviones para luchar contra los incendios forestales, otras comunidades como Canarias no han hecho los deberes. El colosal incendio que está asolando La Gomera, tragedia nacional de la que nos daremos cuenta cuando por fin termine este desastre, ha sido un claro ejemplo de falta de previsión. Una comunidad que es la más alejada del resto y que tiene un alto riesgo de incendios forestales y unas dificultades de acceso inmensas dada su orografía, no se entiende que no haya invertido en tener una flota adecuada de hidroaviones y de helicópteros para la lucha contra los incendios forestales. Pero es que además, cuando ocurre la tragedia, el gobierno canario mira también al gobierno central echándole la culpa de la tardanza en acudir al rescate. Por supuesto que el gobierno, que cuenta con medios propios, debe acudir a auxiliar a las comunidades que lo demanden y lo necesiten. Pero la competencia en materia forestal es de la comunidad y la culpa de la falta de medios también. Basta ya de pedir competencias para obtener y gestionar más presupuesto y de no asumir la responsabilidad que corresponde a esas competencias.

Hay muchos otros ejemplos de malas gestiones, de pésimas inversiones como el aeropuerto de Castellón u otros varios, las líneas de AVE sin pasajeros, los complejos culturales faraónicos en ciudades que luego no albergan apenas exposiciones ni conferencias y un largo etcétera.

La solución a estos problemas es difícil pero sin duda pasa por eliminar competencias duplicadas y por recuperar otras que nunca se debieron ceder a las comunidades, como la sanidad, la educación y todas las que provoquen desigualdades entre los ciudadanos de unas regiones y otras.

Y llegados a este punto, surge la pregunta del millón. Si gran parte de las competencias las tiene que recuperar el gobierno central, ¿para qué diantres sirven las autonomías? Desde mi punto de vista, absolutamente para nada bueno. El estado autonómico provoca desigualdades, tensiones separatistas, disputas fiscales, duplicidad de funciones y una multiplicación por n de parlamentarios, dietas, organismos inútiles, coches oficiales, asesores de no se sabe muy bien qué, elecciones con su coste correspondiente, …

Desde mi punto de vista, ha llegado el momento de desmontar este chiringuito autonómico, de cambiar esta ridícula ley electoral que solo provoca fisuras y desigualdades, ha llegado el momento de dar un salto cultural, de luchar todos a una y con un único objetivo. En un mundo que apuesta por la globalización, en una Europa que busca la unidad no solo monetaria sino fiscal y política, no tiene ningún sentido una España que abogue por la fragmentación y por la lucha constante entre reinos de Taifas.

Igual si que soy raro, porque lo que yo pienso no lo oigo defender en ningún foro ni en ningún debate. O quizás en el fondo no sea tan raro y lo que pienso a más gente le resulte obvio. No sé. El caso es que la situación me parece más agónica cada vez. El enfermo está cada vez más crítico y creo que es mejor la amputación que el crecimiento del problema. ¿Cortamos?

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Economista, informático, aficionado a la lectura, escritura, fútbol, del At. Madrid, 'blogero' vocacional, amante de la naturaleza y de los animales, motero y emprendedor. Cosecha del 62.

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